
Os pongo en situación:
El 28 de julio me operan del pie. A finales de agosto me rompo el dedo y sigo coja. Me doy el alta voluntaria para irme al curso de dos semanas en Madrid. ¿Total? Mes y medio fuera de la oficina.
Sé que no es excusa para lo que voy a contar, pero algo tendrá que ver, digo yo, que una no va a estar tan pirada de la olla.
El caso es que me pongo "consecuente y seria" y reflexiono que debería, el penúltimo día de libertad, acostarme a las doce de la noche para recuperar la rutina y que no me cueste tanto madrugar, (entro a currar a las 7.30 am).
Lo hago y me quedo frita ipsofáctamente a pesar de la comedera de tarro que me gasto estos días.
A las 9 menos veinte suena el teléfono. Era mi Googuelito.
- Holaaaaa! ¿Cómo estássss?
- Pues muy bien (yo siempre estoy bien aunque me muera, se siente; no sé p´a qué preguntais) ¿Y tú, cómo estás Googuelito?
- Bien también, (ligera ´retranca´). Estoooo....¿Tú no tenías que venir hoy?
- ¿Ein? ¿Ein? !!!NO ME JODAS QUE ES LUNES!!!
- Pues mira sí Lolilla jajajaja.
Respuesta gilipollas de Fiebre:
- ¡Ay, ay! ¿Y qué hago yo ahora?
- ¿Pues qué vas a hacer? Anda, anda....¡Vénte p´acá rubia!
Total, que me voy (en coche) a paso tortuga, dada la hora y las obras del Metro.
Llego a la oficina a las 10 de la mañana y me reciben entre el escojono general.
- ¿Qué has hecho en Madrid? ¡Mírala, vendrá ´jarta´ y se le ha nublao el entendimiento!.
Noooo veasssss, ¡qué cara trae de haberse comido bien "la oreja y el morro"! (Saben de mi pasión por las guarrerías culinarias porcinas y lo interpretan como les da la gana).
Después de los besos, las anécdotas de este tiempo, el decirle a Googuelito que pensé ´que vaya horas de llamarme un domingo pero que como soy discreta no se lo dije´ (eso arrancó otra carcajada general),y de comentar que esas cosas me pasan por haberme cambiado el fútbol al sábado y estropearme mi lunes de resaca... pasé a asuntos más serios y pregunté:
- ¿Se ha enterado alguien?
Más que nada lo hice por no dejar mal a mi Jefe por si había dado alguna excusa inventada y no desbaratarle el negocio.
Y me contesta un compañero, levantando la cabeza como un resorte:
- ¿Porqué tiene que saber nadie nada?
Y mi Jefe, sin hablar, hizo un gesto negativo quitándole hierro al asunto.
Y empecé a volver a apreciar mi trabajo, mi oficina y a mi gente.
Con mi antiguo Jefe de hace unos meses sólo se hubieran enterado dos personas de la cuestión:
LOS VIVOS Y LOS MUERTOS.



