Ya sabeis que no hago memes (aunque me encanta leerlos e incluso responderlos en otros blogs), pero considero que cuento tanto de mi vida que ya lo sabeis casi todo, - o lo "sabible", que es casi todo, porque lo que no cuento lo intuís-, y los temas laborales mejor no ´meneallos´.
Los premios los recojo y los coloco en la "vitrina" de por ahí abajo, aunque no los reparto por una especie de pudor que no me deja escoger unos pocos blogs. ¿Premio a la amistad? Pues, ¡qué coño, todos! ¿Premio novela? A veces nos hacemos unos novelones entre todos que es para flipar. ¿Blog artista? Y yo que sé: El que relata, el que rima, la que cuenta sus cosas cotidianas con un "arte" que te escacharras.
El día que creen el "Premio al post más tocagüitos", pues escogería unos cuántos. O el "Premio al post que te ha hecho temblar las cancanillas", pues idem de lo mismo.
Dios, como me enrollo! (Frase recurrente en mí, lo sé)
El caso es que el desafío consistía - y me propuse hacerlo, me pareció divertido-, en abrir la 4ª carpeta de archivos del ordenador, abrir la 4ª foto, postearla, explicar el entorno y las circunstancias y "nominar" a 4 blogs para lo propio.
Pero ¡oh señor! No me acordaba que este P.C es nuevo y está casi vacío, así que las carpetas 3 y 4 , de fecha agosto, son un "chorro fotos" de las primeras curas de la operación del pie. Me las hice fruto de la desesperación por estar tantos meses liada, intuyendo que algo podía no salir bien, y por si era menester ´empurar a dextrosum´a la Sanidad. Son francamente desagradables de ver.
Pero...¡mira por dónde! Vengo de casa de Hécuba y la carpeta 4 no es suya por lo que se saltó las reglas y abrió la siguiente, así que he hecho lo propio y ¡zas! Es una carpeta de videos. Casi todos de la I Exhibición de acrobacias aéreas en Málaga. Pero el 4º es diferente.
9 de agosto. El primer día que salí sola de casa con las muletas. Anduve los 600 metros que separan mi casa del Paseo Marítimo y acabé como si hubiera corrido la Maratón de Nueva York. Y cuando llegué a ver el mar con ansia, había un músico callejero tocando el acordeón.
Entonces aún esperaba septiembre casi con desesperación, y mi curso de dos semanas en Madrid, y el fin de una etapa que no sabía como iba a superar después.
Y aquella noche recuerdo que es de las pocas veces que al llegar a casa lloré. Aturdida entre fármacos, y necesidad de algo que nunca iba a tener.
No me gusta recordarlo. Pero es un buen ejercicio para la mente y el espíritu. El no permitirse volver a actitudes pasadas que no te hacen bien.
Ahora si volviera, (volver he vuelto, quiero decir si se diera "este ambiente acordeónico"), quizá correría descalza al lado de la orilla, con mi pie cosido y en perfecto estado de revista, y con mis recuerdos almacenados; esos que tienen que irse yendo al fondo del cerebelo o donde se guarden las cosas bonitas que no hay que remover más de lo estrictamente necesario.
Y soñar en bailar el próximo tango.
Y para no dejar de ser Fiebre no nomino a nadie. Hay gente por aquí como mi Busca o Toro, o Sandra que si le hablo de fotos, directamente me aplican Pentotal Sódico, o me sueltan a Justiniano o me dan tostadas sin tostar. Así que nomínense ustedes mismos mismamente si gustan.





