(Sin que sirva de precedente).
Simone B me "nomina" en su blog a hacer un meme sobre mis
cinco peores citas. De entrada, sabeis que no los sigo, bien porque considero que ya largo bastante de mi vida o, porque nunca sé de que humor voy a estar cuando escribo.
Pero éste cuando lo leí me gustó y me propuse perpetrarlo, principalmente porque se trataba de contar cinco historias. Sé que la Pinchos, Amparo, Sandra y alguna más andan propuestas y no he querido leer aún a ninguna para no "condicionarme". - Y porque llevo dos días de fiesta, que tó hay que decirlo.-
El caso es que pensé que no lo podría hacer, porque citas, citas... así primeras citas, prácticamente no he tenido. Vivo sola desde los veinte y cuando he alternado con un muchacho, la cosa ha surgido de un encuentro en grupo o de ámbitos conocidos o festivos y a la hora de "quedar" han sido hombres
recatados para mí. (O sea, ya catados). Y han sido buenas citas.
Y segundo, porque rodeada de tanto hombre, sé muy bien con quién me juego los cuartos a la hora de salir con un señor. Tengo una especial facilidad para detectar los ´bluff´, se me da bien psicoanalizar a mis contrincantes (con las mujeres aún fallo alguna vez), y cuando un especimen de esos me propone un encuentro, siempre tengo una agenda ocupadísima, o el deporte no me deja tiempo (juas, Pilates...y gracias), o tengo la gripe de la letra que sea menester.
Así que voy a limitarme a recopilar
CINCO DESASTRES.
J.L.P.H fue mi primer "novio". Me enamoré en 8º de E.G.B. La típica historia de patio cuartelero jugando todos los niños y yo "me gusta Fulanito", y él "me gusta Menganita". Y nos mirábamos todo el rato y esas cosas. En Zamora y en aquel tiempo, nuestro único contacto físico se reducía a rozarnos las manos jugando al Rescate.
Marché a Valencia, y el primer año no me dejaban salir ni al tranco de la puerta, así que en un verano de vacaciones en los que podía ir otra vez donde quisiera con cierta libertad en Zamora, me pidió una cita. Fuimos al cine, nos cogimos de la mano, sonaron los violines y todas esas cosas. Yo ya me veía como el THE END de las películas sin rombos, (las otras no me dejaban verlas) con los labios amorosamente pegados. Lo único que me preguntaba, era si resistiría la postura esa de estar doblá hacia atrás medio escarranchada y sin respirar un minuto. Esa era mi experiencia sexual. Cero PATATERO.
Y cuando llegó el beso y el pobre, con la misma inexperiencia pero más información, me metió la lengua hasta la campanilla, como una iguana cazando moscas... me atraganté, tosí y me quedé muerrtaaaaa.
(Por supuesto al siguiente verano, ya con más libertad, descubrí el apasionante mundo de los besos con un pillo callejero valenciano que besaba como los ángeles: Con lengua, sin lengua, a mordisquitos, de tornillo, alicatao y retorcío). Hasta hoy me dura el gusto por el tema del beso. Es indispensable.
F (El Uh! ) Esa historia fue muy complicada. Ya estamos en Málaga. Mi compañera de piso se enamoró bestialmente de él sin conocerlo. El muchacho era de dulce. Vallisoletano, altísimo, con clase y unas gabardinas largas de muerte y el pelo algo rizado. Un tipo tirando a Valdano pero con gafitas de inteletuá , y unos silencios mucho más atractivos que la verborrea del susodicho.
El caso que, en cuanto lo vi, me di cuenta que la elegida era yo. Y si algo tengo muy claro en mi escala de valores, es que las posesiones de mis amigos son intocables. Entre otras cosas porque camas hay muchas: Buenas, malas o regulares. Pero los amigos no se dividen así. O son amigos y son lo más sagrado que uno tiene, o son conocidos. Punto pelota.
Nos conocimos, comenzamos a salir en grupo, y pronto fue evidente para todos menos para ella, (y para mí cara a la galería) que
F. estaba decidido a estar conmigo por lo civil o lo criminal. A estas alturas sabía que era amante de la lectura, tenía un puestazo en una empresa americana, sueldazo, piso propio en la playa, cochazo de empresa, sensibilidad justa para no tenérselo creído, y estaba colada por él....
Pero yo, ¡venga a tratarlo a lo bestia!, como es habitual en mí cuanto más me gusta un hombre que sé que no tendré. Hasta que ella, (ya he dicho que era AMIGA) aprovechó que se iba dos meses de vacaciones para sentarme en el salón y decirme: Es evidente que
F te quiere. Cuando vuelva no me importa lo que vea.
Así que, al fin solos, salimos paseando sobre nubes de algodón y cuando llega el ´momento beso´, algo iba mal muy mal. Besaba condenadamente bien, pero algo iba mal, me repelía. Olía a colonia carísima, pero no, que NO ¡co´hone!
Aun así tuve otra segunda cita idílica, y me autoconvencí que lo otro fue un mal día mío. ¡Diosssss, el momento "cama", qué horror! Era un amante experto que sabía dónde y cómo tenía que tocar, solamente atento al goce sensual mío, pero si un beso fue nefasto, la coyunda fue un ejercicio por mi parte de fingimiento absoluto. Cada vez me repelía más y más. (Putas feromonas, pensaba yo, ¡si es el tío ideal!). Era como el pulpo a la gallega, me encanta pero tengo intolerancia, y si me como una ración entera vomito hasta la última papilla.
Cuando llegó mi compañera yo ya estaba liada con otro morenete simpático, más simple, pero que me hacía reir y que "olía" bien.
Y llegamos a
R. (creo que el post va a ser kilométrico). Entonces trabajaba poniendo copas y después de cerrar el pub salíamos en tromba a bailar.
R. era parte de una pandilla de guapos, pero guapos. "Los perseguidos", les llamaba yo jocosamente al grupillo, escojonándome de algunas niñas y sus acercamientos tan burdos. Evidentemente lo vi y me dejó estupefacta. Más de 1.90, moreno, guapísimo, con hechuras de modelo, y siempre con su vaso en la mano como ajeno al mundo que lo rodeaba. Daba "rodeos" a todas las lobas con un gesto ausente que me encantaba. Lo observé mucho, en silencio y me parecía que cuando llegara "la modelo" dejaría de ser tan displicente. Y dejé el tema. Nos encontrábamos todos los fines de semana los dos grupos, pero no teníamos relación alguna. Yo lo veía como las joyas del museo Vaticano. Tu ves la Capilla Sixtina, pero no se te ocurre llevarla a casa, y después te largas a comer a una pizzería.
Y de repente, un sábado casi en la mañana, cuando yo estaba sudorosa, con los pelos "revoleaos", dando más saltos que una pulga inquieta... se despega de la barra, viene hacia mi y me planta por la cara, en el borde de la pista, el morreo del siglo. Mi gente se quedó petrificá en medio de la pista. Faltó aplaudir como en Oficial y Caballero. Ni que decir tiene que comenzó una relación "Nueve Semanas y Media". El muy joputa me había ´fichao´ hacía tiempo y yo no me había ni enterado. Y luchando dos orgullosos (me dijo después) el día que no pudo más con las hormonas se lanzó.
Ni siquiera quedábamos. Yo lo miraba, él me miraba a mí ...y me preguntaba qué hacía semejante tío con una mujer normalita como yo, sin tetas y sin parar quieta, pero lo disfrutaba. Salía del pub con mi gente, coincidíamos en el sitio de moda, más copas, yo dando saltos en la pista, él paseando por el local guiñándome el ojo a veces y cuando era la hora... p´a mi casa. Es el mejor amante que he tenido nunca, creo.
Era la caña. Y yo ya estaba atravesando el efecto "Kim Bassinguer", y pensando eso de - dime qué quieres en la vida- , etc etc que ya no soporto más esta ´consumiera´... cuando me ¡pidió la cita!
Salimos al cine. Puto cine. Se quedo dormido a los diez minutos, roncando como un poseso. Sin copas y sin Nueve Semanas y Media era un TRISTE del copón. Lo que yo creía "interesante", era un hermetismo absoluto, era una tortuga depresiva vaya. (Sus motivos tenía que no voy a contar aquí, nos hicimos amigos y me confió su vida, francamente dura).
Estas Navidades, en nuestras respectivas comidas de empresa, me lo he encontrado después de ¿diez? años, y aunque con poco pelo sigue igual de atractivo. Nos abrazamos con ganas, casi fraternalmente, pero le fue cambiando esa expresión que tan bien conozco, y mencionó que yo seguía oliendo EXACTAMENTE IGUAL. Yo iba con todos los verdes, y ante la imagen familiar de su vaso en la mano y lo que era capaz de hacer, reculé a las tablas y le prometí llamarlo. Ahí tengo el teléfono. Pero es buen chico en el fondo y me dijo que aunque vive solo, tiene novia. Y no estoy yo por la labor de tocarle las narices a otra tía ahora mismo.
Voy a ir resumiendo. Estoy harta de escribir. Luego vino
F. Era mi jefe en la discoteca, y nos hicimos muy amigos. Nos sentábamos después de cerrar y yo me tomaba con él un chupito porque no bebía (él, no yo), mientras trabajaba. Estaba muy aislado porque era muy estricto con los "bandarras" y no consentía una. Yo le llamaba Doña Rogelia, porque siempre estaba refunfuñando. Una noche, con mil y pico personas hubo un aviso de bomba. La policía nos desalojó a la voz de ya. Y como hacía frío me senté en medio de un grupo que comenzó a fumar porros como posesos. Dada mi sempiterna alergia al cannabis y a la María, de repente, de tanto ser "fumadora pasiva", cogí un mareo que me quería morir. Y dando bandazos (unido a los chupitos, claro) le dije a mi amigo
F. que me llevara a casa. Sólo recuerdo el frío nocturno, las sábanas fuera de su sitio que se clavaban en mis carnes. El salto que dio
F. (anti-bishos total), y casi su caída de la cama , cuando se encontró a mi Yorkshire a los pies de la misma mirándolo fijamente y con mala leche desde el suelo.
Año y medio después nos casamos.
Y por último
J. Me lo presentaron en grupo. A los dos días coincidimos en una barbacoa-cumpleaños en un mediodía en el que me zampé TRES platos de cocido extremeño. Me tiré toda la tarde y algo de la noche charlando con un Municipal simpatiquísmo, ( con los ´uniformes´ siempre hablo mucho; casado y con niñas, nada sexual), que me hizo partirme la caja durante toda la fiesta con su simpatía y espontaneidad. Me enseñó fotos de las criaturas y ¡venga a beber los dos tronchándonos de la mitad del personal!. Eramos cerca de 40 personas.
Seguimos de noche un pequeño grupo en un pub, dale que te pego a la priva. Y entrando la madrugada con el estómago hecho cisco, me largué silenciosamente eso sí (que una para lo suyo es mú discreta) al baño a echar hasta la última papilla. Con la misma salí a la calle a tomar el aire.
J. que era muy atento (y me tenía marcada claro, me enteré después) salió a ver qué pasaba con la copla, y al contarle lo sucedido me plantó un morreo del quince.
Si eres capaz de besar así a una mujer que acaba de potar, es que la cosa es grave.
Mi segunda ParejaEstable. 4 años.
¿Conclusión?: Hombres solteros de España, si tengo alguna cita con alguno y me mareo, o tú echas la pota, o se produce cualquier imprevisto médico... y no quereis "grilletes" ...no dudeis en echar a correr como alma que lleva el diablo. O dadme dos guantazos si no veo los síntomas, para que corra yo como Ben Johnson, que los únicos grilletes que ahora mismo me apetecen son para practicar otros menesteres...
¿Se leerá alguien este tocho?. Yo estoy agotada, me largo p´al sofá.